MADRID.-Desde los comienzos del automóvil el hombre ha tenido una obsesión permanente por superar las marcas de velocidad, un hecho que también ha contribuido, sin duda, a lograr muchos de los avances tecnológicos que se han sucedido a lo largo de estos más de 100 años de historia.
Pero, hace ya algún tiempo, a esa fijación por luchar contra el reloj se une la de conseguir recorrer la máxima distancia con el mínimo gasto de combustible.
En este contexto se celebra anualmente un interesante desafío, la Shell Eco-Marathon, una competición que reúne desde 1985 a equipos formados por estudiantes de todo el mundo, para demostrar sobre el terreno los resultados de sus trabajos de investigación en el campo de la movilidad sostenible.
Alumnos de universidades y escuelas técnicas de 22 países, entre ellas nueve españolas, se han presentado el pasado mes de mayo en la pista francesa de Nogaro con las últimas evoluciones de sus coches de laboratorio, unos artilugios con las más extravagantes formas y cargados de tecnología, para tratar de alcanzar nuevos récords en el ámbito del consumo y las emisiones contaminantes. Junto a la mayor parte de las naciones de Europa Occidental, en 2008 se han inscrito por primera vez países tan variopintos como Bulgaria, Irak, Ucrania, Marruecos o Singapur en busca de un trofeo.
La Shell Eco-Marathon divide los vehículos en dos grandes categorías. Por un lado están los prototipos, unos coches con formas extravagantes y un reglamento muy abierto que deja volar la imaginación de los jóvenes talentos.
El otro grupo, de más reciente creación, lo forman los llamados Urban Concept, automóviles que deben asemejarse más a los que circulan por la carretera, con la obligación de llevar cuatro ruedas, carrocería con puertas, maletero separado y faros, por poner algunos ejemplos, así como unos sistemas de dirección y frenos convencionales. Después, estas dos categorías principales se subdividen en gasolina, diésel, hidrógeno, energía solar y otros combustibles alternativos, con modestos premios en metálico para cada una de ellas.
Muchos de los estudiantes aprovechan este trabajo para poner en práctica ideas y experimentos que luego trasladan a su proyecto de fin de carrera. Rodamientos cerámicos que tratan de reducir al mínimo el peso y la fricción, motores de cortacésped con bajísimas cilindradas y una puesta a punto óptima, diseños muy aerodinámicos y ligeros, que en la mayor parte de los casos no superan los 50 kilos... todo vale para que la resistencia a la rodadura sea prácticamente inexistente. Y, por último, el piloto, que suele ser una chica menuda porque, además de la importancia del peso, los minúsculos habitáculos no tienen más que el espacio imprescindible.
El vencedor absoluto en 2008 ha sido un prototipo francés, que consiguió establecer una marca de 3.383 kilómetros recorridos con un solo litro de combustible. Junto a él, la Universidad Haagse Hogeschool, de los Países Bajos, logró un nuevo récord entre los Urban Concept; con su vehículo de hidrógeno alcanzó los 848 kilómetros.
Y, en el apartado ecológico, también se llegó a una nueva marca: el equipo sueco situó las emisiones de CO2 en unos increíbles 6,15 g/km, frente a los 9 g/km que se obtuvieron el pasado año.
La recompensa al esfuerzo
El Instituto de Enseñanza Superior Alto Nalón de Barredos (Asturias) es el participante español más veterano y uno de los primeros no universitarios que hubo en esta prestigiosa competición. Con unos medios económicos escasos, pero con el entusiasmo ilimitado de sus profesores y alumnos, este equipo ha ido mejorando año tras año sus propuestas desde que iniciaron la aventura en 1993, para conseguir en la edición de 2007 el premio al mejor diseño con el vehículo que aparece en la foto.
El pequeño modelo supo captar con tanta fidelidad el espíritu de la nueva categoría Urban Concept, instaurada por primera vez en 2003 con el objetivo de crear prototipos que fueran lo más semejantes a los coches de producción, que los organizadores de la Shell Eco-Marathon lo han elegido para ser utilizado en la Media Challenge de este año por los periodistas de todo el mundo.
El automóvil del IES Alto Nalón se construyó en dos años, con un coste aproximado de unos 30.000 euros. Su carrocería está hecha a base de paneles de nido de abeja y fibra de carbono, mientras que se ha recurrido al aluminio para las manguetas y otros componentes mecánicos, en lugar de usar el titanio que emplea la mayoría, pues aunque es más ligero y resistente, resulta mucho más caro.
A pesar del esfuerzo continuo al que fue sometido durante todo el fin de semana de las pruebas, el prototipo español no dio el más mínimo problema mecánico y los responsables de la compañía Shell han encargado ya una réplica al instituto asturiano para conservar en su patrimonio. Es la mejor forma de reconocer un trabajo brillante.