MADRID.-El británico Ian Houston, presidente de la firma Origo Industries, cuya sede se encuentra en la Isla de Man, ha diseñado un sistema capaz de rebajar en un 60% las emisiones de dióxido de carbono (CO2) de cualquier vehículo.
De hecho, su propio automóvil, un todoterreno Mitsubishi Shogun (denominación del Montero en Gran Bretaña) diésel de 2,5 litros, ha pasado de emitir 275 gramos de CO2 por kilómetro a tan sólo 110 gramos, según una medición efectuada por un organismo independiente.
En otras palabras, el 4x4 emite un gramo menos que un Fiat 500 1.3 Multijet, que pesa una tonelada menos que el Shogun, y sólo seis gramos más que un Toyota Prius, que, además de su propulsor híbrido, pesa 775 kilogramos menos.
Esto quiere decir que los coches dotados con este sistema pasarían cualquier examen de emisiones y, además, se situarían en el segmento más bajo de la tasa verde. Traducido a euros, esto significa una rebaja de entre un 4,75% y un 14,75% en el precio de los coches.
Pero no se acaban aquí los beneficios del sistema ideado por Houston, un antiguo ingeniero en el Ejército británico. Lo que hace el dispositivo es recoger el CO2 en unos filtros. Estos son posteriormente tratados con un tipo especial de algas.
Aceite de algas
Una vez hecho esto, se extrae aceite mediante el prensado de estas plantas marinas. El aceite resultante puede ser utilizado de nuevo para mover el vehículo o bien empleado para alimentar la caldera de la casa.
De hecho, Houston asegura que con un vehículo como el suyo, que consume teóricamente 8,5 litros cada 100 kilómetros, es posible generar hasta 2.500 litros de aceite al año, suficiente para alimentar la caldera de un chalé mediano durante 12 meses.
Otra de las ventajas de este sistema es que rebaja tanto las emisiones –incluso de vehículos tan poco verdes como los 4x4, todoterrenos o los deportivos–, que pueden hacerse acreedores a los descuentos para los coches ecológicos.
De esta forma, casi todos los vehículos podrán eludir el pago de las tasas de contaminación o de congestión que ya funciona en ciudades como Londres o Estocolmo y que no tardará mucho en llegar a España.
Houston asegura que una serie de grandes compañías han mostrado su interés por adquirir la patente de su sistema, en especial varias del otro lado del Atlántico. Sin embargo, él prefiere seguir pilotando personalmente este proyecto, ya que calcula que puede producir unos beneficios de unos 3.000 millones de euros.
Entre tanto, en Estados Unidos el Instituto Tecnológico de Georgia (GIT) trabaja con la agencia aeroespacial NASA en la puesta a punto de un proyecto similar al de Origo Industries.